
La caravana migrante: retratos de la crisis hondureña
On 31/10/2018 by adminLa mal llamada “caravana migrante” no es sino el estallido del pueblo hondureño que no tuvo eco en la solidaridad internacional, luego de las irregularidades vividas en el proceso electoral de noviembre 2017 que llevaron a la consolidación de una cuestionada reelección presidencial.
Esta caravana de víctimas de desplazamiento forzado nace en el municipio de San Pedro Sula como una iniciativa auto convocada a través de un grupo de WhatsApp que rápidamente fue tomando fuerza a través de las redes sociales y medios de comunicación. Esto llevó a que alrededor de 1200 personas que deseaban migrar, se unieran y partieran el 13 de octubre de 2018 con el acompañamiento de Bartolo Fuentes, ex diputado del Partido Libertad y Refundación (Criterio.hn, 2018).
Las razones por las cuales una persona puede verse obligada a salir de su tierra son muchas y en el caso del corazón de Centroamérica, los motivos sobran. De acuerdo a cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas, para junio de 2017, Honduras ya contaba con 8.859.980 habitantes. Según cifras del Banco Mundial, el 64.3% de la población se encuentran en situación de pobreza, de ellos un 40,7% viven la pobreza extrema y sobrevive con menos de USD$ 1,90 por día. El 41,8% de la población es menor de 20 años.
Honduras posee un coeficiente de GINI de 0,52, el cual lo ubica entre los países más desiguales del mundo: la riqueza se encuentra concentrada en unas cuantas familias que ostentan el poder económico y político. El salario mínimo promedio se encuentra en 8.910 lempiras; sin embargo, en mayo de 2018, el Comité de Defensa del Consumidor afirmó que la canasta básica se encontraba en más de 15.700 lempiras (Diario Tiempo.hn, 2018).
Para 2014, el país contaba con las dos ciudades más violentas del mundo –y si bien las estadísticas oficiales muestran que la criminalidad ha disminuido— el Observatorio de la Violencia del IUDPAS muestra un promedio de 11 homicidios diarios, de enero a diciembre de 2017.
Organismos internacionales han manifestado que las personas defensoras de derechos humanos y del medio ambiente (Global Witness, 2017) y, periodistas en Honduras (Reporteros sin Fronteras, 2017) se encuentran en grave peligro de vida y que las protestas son fuertemente reprimidas (Amnistía Internacional, 2017; Comisión IDH, 2018).
A esto se suman los casos emblemáticos de corrupción del Instituto Hondureño de Seguridad Social (2014), el Trans 450 (2014), la profunda crisis en la que está sumido el sistema de salud pública donde el principal hospital del país –el Hospital Escuela Universitario— está colapsado y la Empresa Nacional de Energía Eléctrica se encuentra en quiebra. En contraste entre el 2002 y el 2018, el presupuesto de la Secretaría de Defensa aumentó en 787% y el de la Secretaría de Seguridad en 518% (FOSDEH, 2018).
Estas pinceladas sobre la pobreza, violencia, represión y corrupción en el país son sólo pequeñas muestras de la inconformidad e indignación de la población que la lleva a arriesgar su vida y la de sus seres queridos en busca de oportunidades.
El Gobierno ha acusado a la oposición de engañar a las personas que conforman la caravana en busca de alterar la gobernabilidad, estabilidad y paz del país (criterio.hn, 2018); sin embargo, la Red de Organizaciones de Sociedad Civil para la Protección de Personas Desplazadas ha expresado en su comunicado del 22 de octubre de 2018 que “la crisis humanitaria hondureña reflejada en esta migración forzada de hondureños y hondureñas no tiene tinte político partidista”. Bartolo Fuentes, quien ha sido acusado de estar entre los principales propulsores de la caravana, menciona que a diario se van alrededor de 300 personas del país y que la caravana que salió en un primer momento solo es el acumulado del número de personas que se van en 15 días y que decidieron hacerlo en grupo, a fin de minimizar los riesgos que viven en la ruta migrante.
“La caravana migrante” ha movilizado emociones, acciones de solidaridad y opiniones, unas alentadoras, otras xenófobas; ha obligado a la comunidad internacional no solo a volver la mirada a estas Honduras sino a actuar; pero también ha levantado nuevamente a un pueblo que había perdido el ánimo de luchar.
Romina A. Serna
Magister en Psicología con orientación en el área social; Magister en Derechos Humanos y Democratización para América Latina (CIEP/UNSAM).
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